Desde hace varios años la Muestra de Cine de Lanzarote ha entendido su inauguración como algo más que un acto de apertura. Desde aquella edición de 2018 dedicada al volcán, celebrada en el corazón de la Cueva de los Verdes, su propósito ha sido encontrar espacios singulares de la isla —a menudo poco conocidos incluso por sus propios habitantes— y ponerlos en valor de un modo inesperado. En ese sentido, resulta especialmente propio de las ediciones más recientes habilitar un punto de encuentro cerca de la sede del Cabildo, a donde las personas invitadas llegan sin saber muy bien cuál será su destino último. A partir de ese momento se inicia un trayecto en guagua que no solo reduce la huella de CO₂, sino que también propone algo más valioso: la experiencia de mirar la isla con nuevos ojos.
Por curioso que parezca, el viaje desde la explanada del Cabildo hasta el lugar final del evento impulsa un tiempo colectivo lleno de preguntas, conversaciones y recuerdos: ¿A dónde iremos esta vez? ¿Será la inauguración en tal o en cual lugar relacionado con el agua? ¿Sucederá el evento en este o en aquel espacio al que casi nadie tiene acceso? El trayecto resulta así parte ya de la inauguración de un evento que, entre muchas otras cosas, busca refrescar la mirada sobre una isla a la que, de tanto verla cada día, se deja de mirar muchas veces con el cuidado que merece.
En este 2025 el punto de llegada es una finca de labor tradicional en el pueblo de Teseguite, donde extraordinarias gavias reflejan la bonanza económica de tiempos pasados. En ese espacio, llamado casa El Hacedor, se encuentra también, maravillosamente cuidado por su actual propietaria, uno de los aljibes más importantes y hermosos de Lanzarote; una construcción que condensa con orgullo el patrimonio hidráulico de esta isla. Levantado en torno a 1700, antes de las erupciones del Timanfaya, el aljibe albergó durante siglos el bien más preciado de la isla: el agua. Sus paredes sintieron los años de sequías y los tiempos de abundancia. En sus capas de cal ocre quedó registrado el valor de cada balde que se guindó. En sus pilares y bóvedas queda reflejada una memoria profunda de la isla entera.
La inauguración es, así, un trayecto en guagua lleno de preguntas, dudas y diálogos; un paseo por barrancos, nateros y gavias, y un encuentro en un aljibe sorprendente junto a músicos, escritoras, actrices, actores y cineastas. Un viaje por Lanzarote y un recordatorio de lo esencial que siempre fue —and sigue siendo— el agua para la vida en esta isla.